El cuerpo humano emite continuamente mensajes, los cuales pueden afirmar o negar a la expresión verbal. El cuerpo humano nunca miente.
Hay una nueva ciencia que posibilita la interpretación de estos mensajes que emite el cuerpo: la Kinésica. Ésta, puede convertirnos en personas mucho más perceptivas y ahorrarnos algún que otro disgusto.

Una nueva señal del inconsciente
Se ha descubierto una nueva señal kinésica: es la inconsciente dilatación de la pupila cuando el ojo ve algo agradable.
Está comprobado que la pupila de un hombre normal se dilata al doble cuando ve la imagen de una mujer desnuda.
En el nivel comercial, este recurso es utilizado para determinar el efecto de la propaganda comercial en la televisión. El estudio se basó en mostrar a un determinado público la propaganda, mientras se les fotografiaban cuidadosamente los ojos. El negativo luego se examinó minuciosamente para determinar cuándo la propaganda le dio alguna grata respuesta inconsciente.
El lenguaje del cuerpo puede comprender cualquier movimiento, reflexivo o no, de una parte o de la totalidad del cuerpo que una persona emplea para comunicar un mensaje emocional al mundo exterior. Y para comprenderlo, a menudo se tienen que tomar en consideración las diferencias culturales y ambientales, los cuales, muchas veces, hacen errar al intérprete sobre lo que está viendo.

La acción de tocar

Tocar o acariciar puede ser en sí mismo una verdadera señal.
Tocar un objeto inanimado puede significar una clamorosa y urgente señal, una súplica de comprensión, de compañía, pues nos sentimos en soledad.
El lenguaje del cuerpo, además de emitir y recibir mensajes, si es bien comprendido y empleado con habilidad puede servir también para romper las defensas ajenas. Cada cual tenemos una serie de espacio con respecto a los demás. Lo delimitamos nosotros mismos: cuando vamos apiñados en un autobús tratamos de no invadir el espacio ajeno, y si lo hacemos agarrotamos los músculos para emitir un “ no fue mi intención”; o cuando nos sentamos en una mesa, trazamos una franja divisoria que marca el territorio de cada uno y, así, una intromisión en nuestro territorio significa una invasión y nos sentimos incómodos.
Según esto, el hecho de tocar puede establecer contacto y romper esa barrera, o por el contrario puede violar la barrera de defensa de la otra persona. Simplemente, hay que saber cuándo se debe utilizar, tarea nada fácil.
El contacto de la mano, o de un brazo alrededor de los hombros de alguien, puede expresar un más directo mensaje que decenas de palabras.
Continuamente estamos enviando mensajes al exterior, pero pocas veces éstos son conscientes. Representamos nuestro estado de ánimo con lenguaje corporal, no verbal. Al dudar de algo, levantamos una ceja. Al sentirnos perplejos, nos rascamos la nariz. Cruzamos los brazos para aislarnos o protegernos. Levantamos los hombros en señal de indiferencia, guiñamos el ojo en señal de intimidad, chascamos los dedos por impaciencia , nos golpeamos la frente por un olvido.

¿Podemos heredar un lenguaje corporal?
Indudablemente, existen señales corporales que pertenecen a cada cultura. Así pues, en occidente se mueve la cabeza de arriba abajo para indicar afirmación, y de derecha a izquierda para indicar negación; sin embargo en países como la India estos signos se producen de forma contraria: de arriba abajo significa negación y de derecha a izquierda afirmación.
Sin embargo los investigadores consideran que las expresiones faciales de emoción son semejantes en todos los humanos, cualquiera que sea su cultura. Esta consideración comienza con Darwin, el cual fundamentaba su convicción en el hecho de que el origen del hombre era la evolución.
Esto se halla en contradicción con la teoría que sostiene que las emociones reflejadas en los rostros son el resultado de un aprendizaje social. Creen también que hay en general acuerdo dentro de determinada cultura al reconocer distintos estados emocionales. La razón de esta universalidad se halla sólo indirectamente vinculada con la herencia. La teoría que postulan es que el cerebro de todos los hombres está programada para levantar las extremidades de la boca cuando se sienten felices, volverlas hacia abajo cuando se hallan descontentos, fruncir la frente, levantar las cejas, levantar un lado de la boca, y así sucesivamente según la sensación que llega la cerebro.
Por otra parte, mencionan otras expresiones y normas culturalmente variables, aprendidas en los primeros años de vida. Estas normas determinan lo que hay que hacer en relación con la manifestación de cada sensación o sentimiento en los diversos ambientes sociales; varían con el papel social a desempeñar y las características demográficas, y deben de variar asimismo de una cultura a otra.
El estudio que se llevó a cabo trató de evitar, en la medida de lo posible, el condicionamiento que la cultura impone ( tarea difícil por la difusión que hacen los medios de comunicación). Su trabajo prueba que podemos heredar en nuestra constitución genética ciertas reacciones físicas básicas, sin haberlas aprendido nunca.
Esto no contradice el hecho de que tenemos que aprender también muchos gestos que significan una cosa en una determinada sociedad.
Nuestro lenguaje no verbal es en parte instintivo, en parte enseñado y en parte imitativo.

Una ciencia denominada proxémica

La palabra proxémica se acuña al estudio de las relaciones del hombre con el espacio que le rodea, por la forma en que utiliza ese espacio que le rodea, por la forma en que utiliza ese espacio y la forma en que su utilización del espacio comunica ciertos hechos y señales a otros hombres.
El modo en que el hombre utiliza el espacio influye en su capacidad de relacionarse con otros, de sentirlos cercanos o lejanos. Todo hombre tiene sus propias necesidades territoriales. Según esto, existe una clasificación ( realizada por el doctor Edward T. may, profesor de antropología en la North Western University) en la que se establecen cuatro zonas distintas en que la mayor parte de los hombres actúan:

1) Distancia íntima.
Puede ser cercana, contacto real, o lejana, de 15 a 45 centímetros.
La fase cercana corresponde a hacer el amor, a amistades muy íntimas y a los niños que se agarran a sus padres o a otros niños.
La fase lejana es todavía lo bastante cercana para permitir que se tomen las manos. Es la distancia a la que nos encontramos en un ascensor o en un apiñamiento en el metro.

2) Distancia personal

También se distinguen dos áreas, una distancia personal cercana y otra lejana.
El área cercana es de 45 a 75 centímetros. Es aún posible tomar la mano del compañero a esa distancia. Es la distancia cómoda en los cócteles. Permite cierta intimidad y circunscribe más bien una zona íntima que una zona personal.
La fase lejana es situada desde 75 a 120 centímetros, el límite de la dominación física. Ya no es posible tocar cómodamente al compañero desde esa distancia, lo que brinda cierta privacidad a cualquier encuentro. Pero la distancia es lo bastante cercana para que pueda mantenerse una conversación hasta cierto punto personal. Acercarse demasiado cuando la relación es la personal lejana es considerado entrometerse o hacer una señal de preferencia personal.

3) Distancia social

Tiene también una fase cercana y una lejana.
La fase cercana va de 120 a 210 centímetros y es la distancia a la que generalmente se llevan a cabo las impersonales transacciones comerciales. Un jefe emplea esta distancia para dominar a un empleado que se halla sentado ( refuerza la situación “trabajas para mí”, sin tener que decirlo verbalmente).
La fase lejana es de 210 a 360 centímetros. Corresponde a relaciones sociales o de negocios más formales. El jefe importante tendrá un escritorio lo bastante grande como para que le coloque a distancias de sus empleados. A esta distancia no es adecuado mirar rápidamente y desviar la vista, ya que el único contacto existente es visual y la tradición establece que hay que sostener la mirada de alguien mientras dura la conversación. Esta distancia permite cierta protección. Es posible seguir trabajando a esa distancia sin ser mal educado, y es posible dejar de trabajar y conversar.

4) Distancia social

Es la máxima extensión de nuestros límites territoriales.
Una vez más tenemos una fase cercana y una fase lejana.
La fase cercana va de 360 a 750 centímetros y corresponde a reuniones poco formales, como el discurso de un profesor en una sala de estudiantes, o de un jefe en una conferencia de trabajadores.
La fase lejana de la distancia pública es de 750 centímetros o más. Está reservada en general a los políticos, en cuyo caso la distancia es un factor de seguridad. A esta distancia es más fácil mentir con los movimientos del cuerpo. Los gestos deben ser estilizados, afectados y mucho más simbólicos que cuando se hallen a distancias íntimas, sociales o públicas más cercanas.